Tazio Nuvolari, el mito de la Mille Miglia

25 años de carrera profesional, 277 participaciones en carreras oficiales, 107 victorias… Estos son sólo algunos de los números que pueden acercarnos a entender cómo este hombre se convirtió en leyenda.

Sin embargo, estos datos no sirven para describir el tipo de piloto que fue Nuvolari. Y es que para eso hay conocer su historia.

Fue campeón europeo de Grand Prix, campeón europeo de 350 cc en 1925, ganador de la Mille Miglia en 1930 y 1933, campeón europeo de pilotos de Gran Premio 1932 y ganador de las 24 Horas de Le Mans en 1933, tras una auténtica lucha, en la última vuelta.

Pero Nuvolari no sólo acumuló victorias, también tuvo que vivir alguna derrota, como en Mónaco, que tras más de 90 vueltas, fue traicionado por su máquina cuando iba en primera posición, y aún así trató de empujarla hasta que le obligaron a parar.

Llegó a correr con las costillas rotas, con la pierna escayolada, con sólo tres ruedas e incluso con un chicle taponando un agujero en el depósito. Conducía siempre al límite, resultaba imparable, inmortal.

Fue en 1930 cuando consiguió su primera victoria con la Scuderia Ferrari conduciendo una Alfa P2 en la prueba Trieste-Opicina, y también su última gran gloria de la mano de la Scuderia rossa en 1947 en Parma.

Pero este hombre que todos creían eterno, padecía desde hacía algún tiempo una enfermedad pulmonar, lo que le obligaba a correr con una mascarilla en la boca. Aún así, se empeño en participar en las carreras, en contra de la opinión médica.

Fue en 1948 cuando Nuvolari pasará a la historia. Decidido a participar en la Mille Miglia de ese año con la marca Cisitalia, es duramente sorprendido cuándo ésta le comunica que por razones imprevistas no tienen ningún coche para él. A pesar de esto, nuestro mito no pierde la esperanza y se presenta en Brescia con la ilusión de alcanzar un trato con Alfa Romeo.

Es entonces cuando tropieza con Enzo Ferrari, quien le ofrecerá una de sus máquinas para participar en la que será la última Mille Miglia de Nuvolari. Éste le proporciona un 166 S, descubierto, para que pudiera respirar más fácilmente.

A la competición se presentan Ferrari, Maserati, Alfa Romeo y Cistalia entre otros.

El 2 de Mayo, sin haber entrenado en absoluto (la ultima carrera en la que había tomado parte se había celebrado el 14 de Septiembre del año anterior) se sitúo en la parrilla de salida. Despegó como si tuviese de nuevo 20 años, en vez de los 56 que tenía. En Pescara, era líder; en Roma, seguía líder, y llevaba una ventaja de 12 minutos a su mas inmediato perseguidor.

Un duro golpe en el costado hace que el vehículo de Nuvolari pierda un guardabarros y dañe ligeramente el capó. A pesar de esto, entra en Roma con tal ventaja.

Nuestro ferviente piloto se ve obligado a arrancar parte el capó dejando al aire el motor, debido al golpe sufrido anteriormente. Una vez en Livorno, otra salida de la vía le obliga a arrancar el asiento del copiloto.

Por fin llega a Bolonia. A 29 minutos del coche que va en segunda posición. Las diferencias más grandes que haya habido en la Mille Miglia. No puede haber mejores noticias. El público emocionado sigue la carrera desde cada rincón de Italia.

Pero la suspensión sufrió en el golpe de Livorno y su 166 se detiene. Nuvolari, consciente del daño irreparable, sólo pide una cama para descansar.

Mientras, Biondetti llega en primer puesto a la meta, y una vez en ésta, lejos de alegrarse por su victoria, sólo dice: “perdónenme por haber ganado”.
 

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